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China: navegando sobre una plataforma petrolera

China: navegando sobre una plataforma petrolera
19.04.2022

Hace un par de décadas, las importaciones de petróleo de China apenas se diferenciaban de las de otros países grandes y poblados como India. En 1999, por ejemplo, China importaba sólo el 11% de lo que está importando ahora.

Las importaciones de petróleo de China han crecido constantemente en las últimas décadas, junto con su economía. Como resultado, en 2017 ocurrió lo inevitable: los chinos se situaron en el primer puesto de las importaciones. En 2020, el país importó 11,8 millones de barriles al día, superando a Estados Unidos, que importó 9,1 millones de barriles al día, según el Statistical Review of World Energy de BP.

La capacidad de las refinerías en China aumentó hasta unos 11,4 millones de bpd en 2017. Se pusieron en marcha nuevas instalaciones, como la refinería de 260.000 b/d de Anning, en la provincia de Yunnan. Otros han empezado a ampliar su capacidad y a aumentar las importaciones, como la refinería de Huizhou de CNOOC Oil Corporation.

China se convirtió en importador neto de petróleo en 1993. Las importaciones chinas de crudo han empezado a crecer a un ritmo medio anual del 9,1%.

China reformó su industria petrolera a mediados de la década de 1990. Las tres principales compañías petrolíferas estatales -China National Petroleum Corporation (CNPC), China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) y China National Petrochemical Corporation (Sinopec)- fueron elevadas de categoría y transferidas a la Comisión Estatal de Economía y Comercio. Se les autorizó a operar en el extranjero, así como a crear filiales de exploración en otros países.

A partir de entonces, la actividad de China en el extranjero no hizo más que aumentar. Los chinos empezaron a comprar la industria energética mundial, desde pequeños y medianos yacimientos petrolíferos en Canadá y Perú hasta licitaciones en India, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Rusia y Venezuela. E incluso se metieron en Texas, donde adquirieron 98 antiguos pozos petrolíferos a mediados de la década de 1990. En 1997, China anunció acuerdos petroleros a gran escala con Kazajistán, Venezuela e Irak por un total de 5.600 millones de dólares.

Las empresas estatales Sinopec, CNOOC y CNPC se han convertido en conglomerados polifacéticos cuyas actividades abarcan gran parte de la cadena, desde la producción y el desarrollo hasta la reventa.

Sin embargo, en lugar de alegrarse por el liderazgo mundial en importaciones de petróleo, Pekín mostró serias preocupaciones. La creciente dependencia energética siempre ha preocupado al Gobierno chino. Por ello, se han tomado varias medidas en un intento, si no de detener, al menos de frenar gradualmente el crecimiento de las importaciones.

Una de esas medidas ha sido la intensificación del desarrollo de las energías renovables.

En el marco del Acuerdo de París de 2016, China se comprometió a autoabastecerse de un 20% de energías renovables para 2030. En 2020, se anunció que el país intentaría alcanzar la neutralidad del carbono en 2060.

Los chinos están acostumbrados a jugar a lo grande. Por eso no es de extrañar que China se haya convertido en el mayor inversor del mundo en la transición energética limpia, con 266.000 millones de dólares invertidos en la transición energética en 2021. Esto supone más de un tercio de la inversión total mundial (755.000 millones de dólares). Le sigue EE. UU., que ha invertido 114.000 millones de dólares, Alemania (47.000 millones), Reino Unido (31.000 millones) y Francia (27.000 millones).

China se ha convertido en líder en energía eólica y solar fotovoltaica. En 2019, la generación de energía eólica en China había crecido hasta 406 TWh, mucho más que en Estados Unidos (298 TWh). Como resultado, China representó aproximadamente el 28,4% de la producción mundial de energía eólica en 2019. En el ámbito de la energía solar fotovoltaica, China es el principal proveedor y consumidor.

Pero en lo que respecta a las emisiones cero, China aún tiene trabajo por hacer. A medida que la economía china ha crecido, la demanda de carbón ha aumentado considerablemente. De 1990 a 2019, el consumo de carbón en China casi se cuadruplicó. Y desde 2011, China ha consumido más carbón que el resto del mundo junto.

Por supuesto, esto no podía dejar de tener un impacto medioambiental. Según el Atlas del Carbono, el 69,5% de las emisiones de CO2 de China en 2020 provienen del carbón. En India la cifra es ligeramente inferior (65%), mientras que Rusia (22,6%) y Estados Unidos (18,9%) ocupan el tercer y cuarto lugar.

Un golpe a las refinerías

Cuando las importaciones anuales de crudo de China cayeron un 5,4% el año pasado, eso sorprendió a mucha gente que pensaba que era poco probable. China ha sido la fuerza motriz de la demanda mundial de petróleo en la última década, representando el 44% del crecimiento de las importaciones mundiales de petróleo desde 2015.

Sin embargo, las autoridades locales han endurecido las cuotas de exportación de combustible para limitar el refinado y, por tanto, las importaciones de crudo. Como resultado, las importaciones de crudo de China cayeron por primera vez desde 2001, según la Federación de la Industria Química y del Petróleo de China (CPCIF).

Los chinos también han intensificado sus esfuerzos para explorar y explotar los yacimientos petrolíferos locales en los últimos años. Las principales compañías petroleras del país han aumentado la inversión en la exploración y puesta en marcha de campos de gas, lo que, a su vez, ha contribuido en gran medida a reducir la dependencia del país de las importaciones de petróleo. También se ha intensificado la construcción de instalaciones de almacenamiento y oleoductos troncales, lo que también reforzará la seguridad energética.

Todas estas medidas ya están dando sus frutos de forma combinada. China es cada año más autosuficiente y se vuelve más selectiva en sus importaciones de petróleo. Envía algún tipo de señal a los países productores, que deberían sacar algunas conclusiones.

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