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ENERGÍA NUCLEAREl núcleo del liderazgo: cómo Francia se ha convertido en una potencia mundial de la energía nuclear

ENERGÍA NUCLEAREl núcleo del liderazgo: cómo Francia se ha convertido en una potencia mundial de la energía nuclear
21.02.2022

Francia lleva bastante tiempo en el camino del liderazgo en energía nuclear. Uno de los primeros pasos importantes se dio en 1945 bajo el mandato de Charles de Gaulle. Se creó el Commissariat à l’Energie Atomique (CEA), dirigido por Frédéric Joliot-Curie, figura emblemática, famoso físico y yerno de Marie Sklodowska-Curie. Tres años después se encargó de poner en marcha el primer reactor nuclear del país.

En 1946 se creó Eléctricité de France, que se convirtió en la mayor empresa eléctrica del mundo. Hoy en día sigue siendo la empresa que gestiona todas las instalaciones nucleares del país y es el mayor productor de electricidad de Europa. Y luego, en la posguerra, la empresa se convirtió en la principal palanca para la recuperación del país de la crisis, que ayudó a reconstruir el país devastado. Por cierto, en 2021, los franceses firmaron un acuerdo de cooperación con la empresa rusa Rosatom. Las partes acordaron desarrollar actividades de investigación y desarrollo y desarrollar nuevas tecnologías del hidrógeno.

Eléctricité de France afrontó con brillantez su papel de reconstructor económico en la posguerra. La energía nuclear comenzó a surgir en Francia. En 1964 se inauguró la primera central nuclear. Pero el país decidió finalmente embarcarse en la «vía nuclear» durante la crisis del petróleo de 1973.

La estructura actual de generación de electricidad en Francia fue creada por el gobierno francés en 1974, justo después de la crisis. Esta decisión se tomó debido a que el país tenía experiencia en ingeniería pesada, y no tenía muchos recursos fósiles. La energía nuclear parecía ser la mejor opción.

Por cierto, muchos países europeos pensaron en diversificar su sector energético tras la crisis del petróleo de 1973. Algunos comenzaron a desarrollar la energía eólica, como Dinamarca, mientras que Francia desarrolló su propio plan nuclear. El primer ministro Pierre Messmer prometió construir 80 centrales nucleares para 1985 y 170 para el año 2000. Por supuesto, los planes se ajustaron con el tiempo, pero entre 1974 y 1989 aparecieron 56 centrales nucleares.

En 1986, la tristemente célebre catástrofe de Chernóbil sacudió enormemente la posición de la energía nuclear en Europa. Los movimientos antinucleares se activaron. De hecho, ya habían actuado antes, a menudo de forma bastante radical. En Francia, por ejemplo, en 1982 un activista suizo disparó cinco granadas propulsadas por cohetes contra la central nuclear en construcción de Cress-Malville. Afortunadamente, sin demasiadas consecuencias. Curiosamente, el atacante, Haim Nissim, fue elegido para el cuerpo legislativo del Cantón de Ginebra por el Partido Verde Suizo tres años después del ataque.

Otro gran golpe para la industria mundial de la energía nuclear fue, por supuesto, la tragedia en Fukushima en 2011. Muchos países empezaron entonces a replantearse su actitud ante las centrales nucleares. Alemania no sólo comenzó a abandonar activamente la energía nuclear, sino que también miró a regañadientes hacia su vecino nuclear, Francia.

Los propios franceses, a raíz de Fukushima, mejoraron las pruebas de resistencia en las centrales nucleares y analizaron los procedimientos en caso de accidente. Sin embargo, el presidente de la época, Nicolas Sarkozy, no tenía ninguna intención de renunciar a la energía nuclear, ya que ésta amenazaba, y aún lo hace, con la pérdida de miles de puestos de trabajo. Ningún político en su sano juicio haría algo así. El próximo presidente de Francia, François Hollande, sí que ofreció alguna apariencia de «transición energética», anunciando planes para reducir las centrales nucleares en un tercio, hasta 38. Alemania ha acogido el anuncio con esperanza, sobre todo teniendo en cuenta las recurrentes noticias de fallos en las centrales nucleares francesas. Por ejemplo, en febrero de 2020, Francia cerró un reactor de su central nuclear más antigua en Fessenheim, en la frontera con Alemania, debido a los informes sobre grietas en la tapa del reactor y otros fallos de funcionamiento.

En general, el deterioro de la infraestructura nuclear es un punto delicado. Uno de cada tres reactores nucleares de Francia tiene 40 años o más y necesita costosas modernizaciones. Muy caros, sin duda. Para que se hagan una idea, se puede decir que un «lavado de cara», o para ser más precisos, una mejora de la seguridad tras la tragedia de Fukushima costó a los franceses unos 2.000 millones de dólares. ¿Tiene Francia, agotada por la crisis del covid-19, dinero para una modernización total de sus reactores? Es difícil de creer. En un momento en que la dependencia de las centrales nucleares coloca al país en una posición vulnerable y le da poco margen de maniobra.

En el proceso de esta «maniobra», el pasado mes de febrero se confirmó que Francia prolongará la vida útil de sus 32 reactores nucleares más antiguos durante 10 años más. Paralelamente, existe una activa exportación de tecnología nuclear, y cerca del 17% de la electricidad del país se produce a partir de combustible nuclear gastado.

Y en noviembre de 2021, el próximo presidente francés, Emmanuel Macron, anunció que el país se preparaba para iniciar la construcción de nuevos reactores. Y bajo la atenta mirada de los ecologistas. En enero de 2022, la ministra de Medio Ambiente, Barbara Pompili, declaró que los planes para los nuevos reactores se presentarán en 2023 y estarán operativos entre 2035 y 2037. Los nuevos reactores serán EPR2, es decir, de nueva generación.

Emmanuel Macron desveló sus planes para invertir en tecnología de pequeños reactores y en la producción masiva de hidrógeno con energía nuclear. Según el mandatario, los nuevos reactores ayudarán a reducir la dependencia del extranjero para el suministro de energía y, sobre todo, a la luz de las tendencias recientes, contribuirán a cumplir los objetivos de calentamiento global y a mantener los precios bajo control.

Francia celebrará otras elecciones presidenciales en abril de 2022 y el precio de la electricidad para el consumidor no puede ser ignorado. Francia es actualmente el mayor exportador neto de electricidad del mundo, debido a sus bajísimos costes de producción, y recibe más de 3.000 millones de euros al año por ello. Es un dinero que no se puede desperdiciar.

Los planes están hechos y de momento la mitad de los reactores están situados cerca de las fronteras internacionales francesas. En caso de accidente, una nube de radiación llegaría a sus vecinos.

Pero Francia se esfuerza por encontrar un compromiso con sus vecinos y consigo misma. Es una maraña que pretende tranquilizar a sus vecinos, reducir su propia dependencia de las centrales nucleares, actualizar de alguna manera los viejos reactores y, no nos olvidemos del Acuerdo de París sobre cambio climático. Y preferiblemente con un daño mínimo al presupuesto del Estado. Y sin consecuencias políticas.

Todavía no está claro en qué se convertirá todo esto, si se quedará en una retórica populista o si veremos una transformación real.

Revista Energia


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